Diario de Viaje del Capitán

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Esta bitacora pertenece a Alejandro X. Cifuentes Lucic. Su Diario incursiona laberintos y encrucijadas de la existencia, cuyo destino último es continuar el periplo mismo que impulsa la vida.

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Miércoles, 02 de noviembre de 2005

Hoy: Blogs o Bitácoras

Me he permitido anotar las principales referencias conceptuales relacionadas con los Blogs o Bitácoras, cuyas definiciones aparecen, en mayor o menor medida (al menos), en las siguientes direcciones de Internet:

www.bitacoras.com
www.blogger.com
www.fernandoflores.cl

En toda nomenclatura pueden existir múltiples definiciones o diferentes niveles de éstas, por lo tanto, pueden agregarse otras, actualizar las que existen o simplemente modificarse en función de nuevas categorías de conocimiento.

Blog: también conocido como weblog o bitácora. Es un sitio web con características especiales, donde se recopilan cronológicamente mensajes de uno o varios autores, sobre una temática en particular o a modo de diario personal, siempre conservando el autor la libertad de dejar publicado lo que crea pertinente. Existen muchas herramientas de mantenimiento de blogs, muchas de ellas gratuitas, que permiten sin necesidad de elevados conocimientos técnicos administrar todo el weblog, coordinar, borrar o reescribir los artículos, así como moderar los comentarios de los lectores, de una forma casi tan sencilla como administrar el correo electrónico.

Blogger: es el nombre que recibe quien escribe un blog.

Blogging: es la acción de escribir, leer y recomendar blogs. Es un fenómeno que crece en la medida que aumenta el número de vínculos entre bitácoras, generando comunidades y transformádose, poco a poco, en referencias dentro de Internet. Es muy importante que el blogging sea por esencia de acceso libre y universal.

Creative Commons: es una organización no gubernamental sin fines de lucro, fundada y presidida por Lawrence Lessig, profesor de derecho en la Universidad de Stanford y especialista en leyes para el ciberespacio.
Esta organización desarrolla planes para ayudar a reducir las barreras legales de la creatividad por medio de una nueva legislación y a través de las nuevas tecnologías. La idea principal es posibilitar un modelo legal y ayudado de herramientas informáticas para así facilitar la distribución y el uso de contenidos para el dominio público.

Link: es un enlace (también llamado vínculo o hipervínculo), que hace referencia en un documento de hipertexto a otro documento o recurso en internet.

Post: es la unidad -puede ser un texto y/o una imagen- que constituye el contenido, propiamente tal, del blog. En concreto, es la accion de escribir un mensaje en Internet, y se utiliza ampliamente, además, en grupos de noticia y foros.

Software libre: se refiere a la libertad de los usuarios para ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, cambiar y mejorar el software. De modo más preciso, se refiere a la libertad del usuario de emplear el programa con cualquier propósito; de estudiar cómo funciona y adaptarlo a sus necesidades; de distribuir copias; y de mejorar el producto. Un requisito previo para el desarrollo de este concepto es el libre acceso al código fuente.

URL: la sigla URL en inglés quiere decir "Uniform Resource Locator," y se refiere a la dirección de una página web o de un elemento dentro de una página web. Normalmente empieza por "http://...".

Finalmente, se ofrecen alternativas nacionales y locales de blogs que se pueden visitar a través de los hipervínculos establecidos, a fin de apreciar distintos post y sus diversos autores:

http://huverr.blogspot.com

http://fcasareggio.blogspot.com

www.terraiquique.blogspot.com

http://ward.bitacoras.com

Por: Alejandro Cifuentes Lucic | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

Miércoles, 02 de noviembre de 2005

15 de Septiembre de 2001: Inteligencia Artificial

Stanley Kubrick (2001, A Space Odyssey; A Clockwork Orange; Barry Lyndon; Dr. Strangelove; The Shinning; Full Metal Jacket; Eyes Wide Shut), antes de morir, almacenaba en su prometeica imaginación, la idea de plasmar en la pantalla grande un complejo oxímoron moral y tecnológico, a propósito de los cambios y desafíos que en este sentido imprime el nuevo milenio: A.I. Artificial Intelligence, basada en el cuento de Brian Aldiss (Supertoys Last All Summer Long).

Inteligencia Artificial, dirigida por Steven Spielberg (Duel, Jaws, Clouse Encounters, E.T., Schindler’s List, Saving Private Ryan, Minority Report, War of the Worlds), propone un ensayo ético respecto de lo que encierra dicho concepto: algo es inteligente, primero, si ese algo realiza una acción. Después, una tercera persona, juzga si esa acción fue inteligente o no y, consecuentemente, valora la inteligencia de ese algo. Esta definición un tanto recursiva, ha sido la piedra angular que divide a la ciencia-ficción clásica y contemporánea desde que, en 1940, Isaac Asimov y John W. Campbell, plantearan las Tres Leyes Universales de la Robótica –fíat lux–: Primera, un robot no puede causar daño a un ser humano, ni con su pasividad, permitiendo que éste lo sufra; Segunda, un robot debe obedecer las órdenes que le dicten los seres humanos, excepto cuando estas órdenes entren en conflicto con la primera ley; y, Tercera, un robot debe proteger su propia existencia siempre y cuando esta protección no conculque la primera o segunda ley (extractado de The Caves of Steel, 1954 y The Naked Sun, 1957, de Asimov y amplaimente exploradas en el film I, Robot con Will Smith).



En este escenario, los robots o todas las inteligencias artificiales están al servicio de la humanidad, tanto para las tareas más complejas y peligrosas como para aquellas más simples y cotidianas: el trabajo pesado, la servidumbre, la compañía, el placer y el ocio (un ejemplo interesante de esto, se puede leer en el cuento de Frederik Pohl, The Man Who Ate the World, donde a pesar del perjuicio que un niño mimado causa a sus robots, éstos siempre reaccionan amablemente). También Chris Columbus, director del ya clásico The Bicentenarian Man –protagonizada por Robin Williams en 1999– reflejó esta concepción, agregando una variante: el androide desea cambiar la condición de inmortalidad que posee, dada su naturaleza artificial, asumiendo que la verdadera humanidad significa simplemente que se vive para morir.

Desde otra perspectiva, autores como Philip K. Dick (Do Androids Dream of Electric Sheep?, novela que inspiró el guión base de Blade Runner, de Ridley Scott, en la década de los ochenta), en la propia línea del binomio Kubrick/Spielberg, plantean el libre albedrío como propósito de vida para estos seres artificiales, donde, producto de un aprendizaje social no protocolizado en rígidas barreras de comportamiento, son capaces o no de empatizar con los seres humanos y con la significación de su individual existencia: está, por ejemplo, David (Haley Joel Osment: El Sexto Sentido), un robot-niño de última generación, que busca en su propia aceptación, el amor de una madre que, lisa y llanamente, no lo puede amar.

Otras cintas también han admitido esta forma de conciencia de los robots, en cuyo caso, el entorno relacional ofrece un enemigo natural para ellos: sus propios creadores. De allí, surge una ilusión de superioridad destructiva que acepta dramáticamente el exterminio de la humanidad, ahora como condición de la supervivencia de los robots (Skynet en la saga Terminator, de James Cameron; el superprograma de simulación que domina el planeta en The Matrix, de los hermanos Wachowski; y la supercomputadora HAL 9000 del referido Kubrick en 2001).

¿Puede un robot-niño aprender a amar y ser amado? Esta es la pregunta que el profesor Hobby (William Hurt: El Beso de la Mujer Araña, Estados Alterados) introduce al principio del filme y que Spielberg, motivado en un público general, acerca más al cuento de Pinocho de Carlo Lorenzini, escrito en 1883. El periplo de David recrea en sí, la odisea del burattino de Collodi, incorporando en el tierno y mecánico Oso Teddy y en Gigolo Joe (Jude Law: Enemigo al Acecho, Closer), los personajes mejor logrados del filme, la mezcla perfecta entre robótica sabiduría y moralidad, y cibernética sagacidad y objetiva conciencia emocional.

Este último robot –que cumple la función social de dar placer a las mujeres–, no tiene capacidad de amar, pero sí de reflexionar, y responde sin aspavientos a la segunda mitad de la pregunta que compone la trama del filme: ¿Pueden los humanos amar a los robots? "No, nos odian porque nosotros seguiremos aquí cuando ellos hayan muerto”.

¿Puede entonces una inteligencia artificial aprender a amar? En el personaje de David no está en duda la capacidad de amar que tiene –de hecho ama a su madre– sino el deseo que tal amor sea aceptado y correspondido por Mónica Swinton (Frances O´Connor), quien para ello deberá admitir primero la morfología artificial que su robótico hijo posee.

Una forma de vida artificial puede amar –porque así fue programada en razón de un ciclo de interacciones que apuntan a tal objetivo– pero de allí lograr que ese amor sea recíproco en relación a un humano, lo obligará a transmutar su existencia, a desear cambiar su naturaleza artificial. David ambiciona convertirse en niño, en la expectativa que siendo de carne y hueso, siendo real y no artificial, se hará merecedor del amor de las personas. Desde la perspectiva del libre albedrío esto es posible; desde la mirada más excluyente de las leyes robóticas de Asimov y Campbell, esto es prácticamente improbable ya que los robots, al rehusar su naturaleza, niegan su existencia activando la tercera de ellas.

La línea objetiva del guión original de Kubrick no provoca el milagro de ver convertido a David en un niño, ni aún con la inesperada aparición de los estilizados arqueólogos extraterrestres, quienes –en el segundo final del filme–, ni con toda la compresión y tecnología posible, consiguen hacer realidad el deseo de este ser cibernético, único heredero del esplendor de una humanidad congelada en el tiempo.

Finalmente, la aludida diferencia entre humanidad y artificialidad, se define en el sentido de trascendencia que el amor provoca en la relación entre Mónica y David; ella termina valorando los sentimientos del robot porque aprende que, a pesar de la paradoja que supone la sola presencia de esta inteligencia artificial, existe una verdad interna superior que todo lo redime: la pureza del sueño eterno sabiéndose amado.



I.A. Inteligencia Artificial, 2001
Título Original: A.I. Artificial Intelligence
País: Estados Unidos de América
Año: 2001
Duración: 145 minutos
Género: Ciencia-Ficción
Director: Steven Spielberg
Fotografía: Janusz Kaminski
Música: John Williams
Guión: Ian Watson, Brian Aldiss, Steven Spielberg, Stanley Kubrick
Basada en: Supertoys Last All Summer Long, de Brian Aldiss
Intérpretes: Haley Joel Osment, Jude Law, William Hurt, Frances O´Connor, Sam Robards, Jake Thomaso, Brendan Gleeson, Robin Williams

Visite: http://aimovie.warnerbros.com/

Por: Alejandro Cifuentes Lucic | Comentarios de Cine | Comentarios (0) | Referencias (0)

Lunes, 31 de octubre de 2005

08 de Mayo de 2001: El Planeta de los Simios

A raíz del remake del Planeta de los Simios de Tim Burton, es inevitable no releer la novela de Pierre Boulle (La Planete des Singes, 1963), y al mismo tiempo, no evocar el filme homónimo de 1968 dirigido por Franklin J. Schaffner e interpretado por Charlton Heston y Roddy McDowall. Sin duda, además, es ineludible la comparación.

La verdad, Tim Burton (Bettlejuice, Batman, Batman Returns, Edward Scissorhands, Mars Attack, Sleepy Hollow, Stainboy, cortometraje para Internet, y ahora la nueva producción de Charlie y la Fábrica de Chocolate), decepciona. En casi dos horas de un formato de trepidante acción –hay que reconocerlo– Burton construye una paradoja espacio-temporal que se inicia en el año 2029 con la desaparición de un primate manipulado genéticamente –llamado Pericles–, y, después, del astronauta Leo Davidson (Mark Wahlberg: Una Tormenta Perfecta, Tres Reyes), dentro de una tempestad espacial que los transporta, en distintos momentos, al mismo planeta.

Davidson es violentamente invitado a conocer una extraña y bestial cultura simiesca –cuya génesis está en la conquista evolutiva que otros tantos simios de la propia nave de Davidson, estrellada allí en un pasado remoto y relativo, hicieran sobre los humanos– ejerciendo él, a su vez, el liderazgo en otra sangrienta rebelión, ahora de los humanos contra los simios, encabezados éstos por el general Thade (Tim Roth: El Corazón de las Tinieblas) y su feroz lugarteniente Atter (Michael Clarke Duncan: La Milla Verde).



La cultura simia, lamentablemente heredada del hombre, reproduce elementos como el Estado, una sociedad clasista y militarmente jerarquizada, y un mercado liberal donde la materia prima de compra y venta es una esclavizada humanidad. Esta manía o monada de replicar los títulos de general, senador o empresario en una sociedad que se precia de ser superior a la humana –y que guarda en ella el secreto de su origen– no logra imponer del todo el poder de estos símbolos y, en suma, es la fuerza bruta el lenguaje definitivo que somete al planeta. Al final, después de una feroz batalla, se hace realidad el sueño pacifista de Ari (Helena Bonham-Carter: Las Alas de la Paloma): simios y humanos pueden vivir en paz e igualdad, pero después de sumar cientos de muertos y heridos...

Davidson, intrépido y obsesivo hasta el fin, en vez de disfrutar de los beneficios alcanzados en su nuevo estatus de libertador y pacificador, aborda la nave perdida de Pericles (el ya humilde, cansado y lejano pariente evolutivo de ambos grupos protagonistas del filme) y se dirige raudo –con evidente ayuda de los guionistas– al espacio para descender en Washington D.C. y darse cuenta, pocos saben cómo, que son los simios los nuevos amos de la Tierra: la efigie del propio general Thade se yergue en el otrora memorial de Lincoln.

Burton realmente apabulla con la producción a escala de El Planeta de los Simios: una adecuada estructura de efectos especiales; una barroca ambientación que decora locaciones amplias y variadas (asépticas estaciones espaciales, húmedas junglas, extrañas ciudades, secos desiertos y calamitosas ruinas); efectos de maquillaje excepcionales que marcan las actuaciones del elenco simiesco, particularmente de los gorilas y orangutanes (Michael Clarke Duncan, Cary-Hiroyuki Tagawa y Paul Giamatti), quienes recrean actitudes radicalmente más animales que humanas. De igual forma, Tim Roth, lleva al paroxismo la furia en su rol del general Thade. Por el otro lado, Mark Walhberg actúa casi humanamente y Kris Kristofferson dio gala de lo que sabe hacer muy bien: morir en el momento adecuado.

Burton recurre a Boulle para el vertiginoso final del filme, donde ya el desgaste fílmico y presupuestario se hace notar: el maquillaje y vestuario del enjambre de policías, periodistas y simples curiosos (gorilas, orangutanes y chimpancés), brilla y aprieta tanto como en las peores secuelas del filme original de Franklin J. Schaffner en los sesenta.

A propósito, nadie olvida ese final: el coronel George Taylor (Charlton Heston), también después de provocar un verdadero terremoto cultural entre los simios dominantes, cabalga con Nova (Linds Harrison) por una larga costa para descubrir, destruida y semienterrada, los restos de la Estatua de la Libertad, en lo que debió ser la ciudad de Nueva York. “Lo hicieron, estúpidos, lo hicieron” –dice Taylor– estremeciéndose al descubrir que él siempre estuvo en la tierra, al contrario de Davidson, quien cayó al planeta Soror, en la lejana estrella Betelgeuse, y hubo de regresar, en el tiempo y por el espacio, a una monada de mundo.

Boulle, Schaffner y Burton, por último, plantean una dura crítica a nuestro modo de vida social y cultural. En los sesenta, una parodia futurista a lo que podría ser el resultado de una caliente guerra fría, basada en la animadversión entre norteamericanos y soviéticos. Hoy, de un futuro donde intolerancia y arrogancia derivan en la peor de las armas, en la que enciende cualquier guerra. Hombres y simios representan esa intolerancia producto de los crímenes de la humanidad contra la humanidad, contra la fauna, la flora, la atmósfera y el planeta.

La especie humana se merece tal estilo de vida –en la película, subyugado al poder de los simios– producto de cómo ha tratado a negros, indígenas, palestinos, latinos, gitanos, homosexuales, inocentes, pobres, niños y mujeres. Esto último está de moda últimamente: la intolerancia y la arrogancia se unen para estremecer al planeta… Burton, simplemente, debió suponerlo.



El Planeta de los Simios, 2001
Título Original: Planet of Apes
País: Estados Unidos de América
Año: 2001
Duración: 119 minutos
Género: Ciencia-ficción
Director: Tim Burton
Fotografía: Phillippe Rousselot
Música: Danny Elfman
Guíón: William Broyles Jr., Lawrence Konner, Mark Rosenthal
Basada en: La planete des Singes, de Pierre Boulle
Intérpretes: Mark Wahlberg, Helena Bonham-Carter, Tim Roth, Michael Clarke Duncan, Kris Kristofferson, Estella Warren, Paul Giammatti, Cary-Hiroyuki Tagawa

El Planeta de los Simios, 1968
Título Original: Planet of Apes
País: Estados Unidos de América
Año: 1968
Duración: 112 minutos
Género: Ciencia-ficción
Director: Franklin J. Schaffner
Fotografía: Leon Shamroy
Música: Jerry Goldsmith
Guión: Michael Wilson, Rod Serling
Basada en: La planete des Singes, de Pierre Boulle
Intérpretes: Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter, Maurice Evans, James Withmore, James Daly, Linds Harrison, Robert Gunner, Lou Wagner, Woodrow Parfrey

Por: Alejandro Cifuentes Lucic | Comentarios de Cine | Comentarios (0) | Referencias (1)

Lunes, 31 de octubre de 2005

14 de Octubre de 2005: Un día especial

Mauricio Antonio nació hace 2 años, el 14 de Octubre de 2003. Ha pasado tan rápido el tiempo, que es realmente sorprendente verlo hablar y moverse tan seguro de sí mismo, como si el bebé que tuve en mis brazos hace tan poco tiempo, hubiese mutado en este niño maravilloso...

Hoy es un día especial para mi, y para toda mi familia: mi hijo Mauricio Antonio cumple 2 años de edad... y se a ciencia cierta que es muy feliz; lo volví a vivir hoy por la mañana, alrededor de las 07:30 horas cuando saltó como un resorte, al despertar, me dijo hola y alzó sus brazos para pedirme que lo llevará a nuestro dormitorio... de allí en adelante, empieza su rutina de juegos, cariños, comidas, pañales, más juegos, ahora todo adornado con su perfecta habla en español nativo, mezclado con chino mandarín, escocés, con muchas zetas castellanas, algo de ET y el tono altisonante de Elmo y de los Cubitos...


Su vida son sus padres y su hermano; su entorno favorito, su hogar y la avenida frente al Parque Las Banderas, en playa Brava; su pasión, el dinosaurio Barney y la música, toda clase de música: desde Pachebel a Cantando aprendo hablar, incluida la fanfarria de la 20th Century Fox...

En estos dos años, Mauricio Antonio, nos ha traído a Mónica y a mi, un sin fin de alegrías y esperanzas; la vida tomó otra vertiente, cuesta arriba en su momento, pero ya el camino es distinto en este instante, el cielo está despejado, el sol siempre está allí...

Después de muchos años comprendí finalmente lo difícil que es ser padre y más aún intentar ser un buen padre... pero creo que lo he estado haciendo bien: mi tiempo de oro lo paso con mi hijo, y que rico ha sido volver a jugar con tierra y con juguetes, y estar con él en todos sus momentos, incluso cuando pareciera querer estar solo...

Reconozco la naturaleza de mis gestos en él, los de su madre y los suyos propios, que lo hacen especial y único para mi, que es lo que finalmente importa.

Mauricio me ha traído paz y alegría, y yo he tratado de retribuir esos presentes con lo mejor de lo mío, la versión mejorada y adulta de mi mismo, aunque debo confesar aquí que me gusta mucho juguetear con él, a toda hora –y a veces con la mala ocurrencia de hacerlo cuando ya es hora de dormir–, y que aún me como su comida, que no se, tiene un sabor más rico aunque es la misma que la de la casa...

Otra riqueza adicional es despertar algunas veces, menos los domingos eso sí, muy temprano y ver dormir en paz a tu retoño en su cama o metido en la tuya (¿cómo llegó hasta acá?), o encontrarlo mirándote serio y que te diga “hola, papá”...


Toda esta aventura tiene un sello único, impensado, impagable, increíble, imperecedero... y hoy es una muy buena oportunidad para demostrarlo: ¡Feliz Cumpleaños, querido hijo!.

Por: Alejandro Cifuentes Lucic | Comentarios Personales | Comentarios (0) | Referencias (0)

Miércoles, 05 de octubre de 2005

5 de Octubre de 2005: Una fecha histórica

El 5 de Octubre es una fecha histórica para muchos chilenos que, en forma anónima, un poco escéptica quizás, pero con mucho valor y coraje, y un inusitado sentido del deber democrático, salieron decididos a votar en contra de la dictadura de Pinochet...

Hoy es 5 de Octubre... Está más tibia la mañana y más despejado el cielo.


Quizás sin darse cuenta, muchos se sumergieron en la rutina y tomaron desayuno en sus casas, con sus familias, partieron los niños a la escuela, y el resto a sus trabajos o a sus otras ocupaciones en la casa o fuera de ella... El ritmo de la calle era el mismo que el normal de cualquier semana, casi como de cualquier día: el flujo vehicular seguramente atochó calles y avenidas en los horarios más fuertes, cuando los buses y los autos se toman la calle rugiendo hacia sus destinos... El país que está afuera se ve tranquilo, es el 2005: gobierna Ricardo Lagos, en el corolario de su administración; hay buenos índices macroeconómicos y al mismo tiempo una sensación de prosperidad que no alcanza hasta fin de mes; en los foros públicos y académicos, de vez en cuando, se discute sobre la desigualdad en la distribución del ingreso, y este hecho dibuja a fuego la más grande brecha que atraviesa al país; la carrera presidencial estriba en declaraciones sobre el combate a la delincuencia, con mutuas descalificaciones entre los propios candidatos; seguramente hacia este fin de semana, las preocupaciones gravitarán sobre el partido de Chile y Colombia, con la vaga esperanza de una clasificación que se perdió al iniciarse las eliminatorias...

Hoy se puede hablar de cualquier cosa, se puede comprar casi cualquier producto en las tiendas o por Internet; hay derecho a reunión, a sindicalizarse, a aburrirse, a protestar, a irse, en fin, a casi cualquier actividad pública o privada que queramos realizar... Quizás falte mucho para resolver los temas de derechos humanos aún pendientes en el país, pero Chile, sin lugar a dudas, es otro país, un rostro diferente, otra sensación...

Hace 17 años atrás, también un 5 de Octubre, con temor, ansiedad, apuro y ganas, muchos chilenos y chilenas con un lápiz derrotaron a la férrea dictadura de Augusto Pinochet: se abrieron de verdad las grandes avenidas (sobre todo al día siguiente en la alameda, avanzando hacia el Palacio de La Moneda, caminando, saltando, bailando por el medio de la calle) y la alegría llegó... Salimos a votar en masa con un inusitado deber patriótico y democrático, casi sin saber lo que era vivir en democracia... Y de un resultado incierto, se pasó a una victoria histórica, inolvidable, que apuró el tranco de la transición y dio paso para elecciones presidenciales libres por primera vez desde la década del '70.

Quizás hoy podamos ser más críticos y duros en nuestras apreciaciones de cómo realmente llegó esa alegría y si de verdad las grandes avenidas son lo suficientemente amplias, libres y seguras para transitar.

Es probable que muchos que estuvieron allí, hoy no lo estén, o ya no se encuentren con nosotros, o no compartan nuestras ideas ni nosotros las de ellos. Sin embargo, una cosa es segura: si que han cambiado las cosas en nuestro país; mirando con perspectiva histórica lo que distancia a ambas fechas, el hecho puntual que hoy sea un día absolutamente normal en un día ordinario y corriente de un país en democracia, se lo debemos a lo que fuimos capaces de hacer el día 5 de Octubre de 1988. Esto es suficiente para alegrar el día y la vida...

El 5 de Octubre yo no lo olvido, espero que ustedes también lo recuerden con tonificante regocijo y esperanza: es posible, siempre, sí, creer y luchar por un Chile mejor... Vuelvo a lo mío.

Por: Alejandro Cifuentes Lucic | Comentarios Personales | Comentarios (0) | Referencias (0)

Viernes, 08 de julio de 2005

08 de Julio de 2005: Patricio Riveros Olavarría

Patricio Riveros Olavarría era un reconocido escritor iquiqueño: no editaba el trabajo de otros ni le daba vueltas a un solo tema; era por definición, un esplendido narrador, un cuentista excepcional, un letrista creativo de talla nacional, un promisorio cronista de nivel internacional...

Además de dichas bullantes cualidades, era un buen amigo...

Patricio Riveros Olavarría, escritor y periodista, era parte del patrimonio cultural de Iquique. Era habitual verlo caminar por las cercanías del edificio del Gobierno Regional hacia su barrio del Morro, con su tranco calmo y sus pasos tranquilos, dipuesto a conversar con quien se le cruzara, sin importar si iba atrasado o si uno era el apurado. Era normal también, para quienes lo conocíamos un poco más, cruzar tallas y travesuras con él, al más puro estilo de un duelo del lejano oeste, claro que sin heridos ni muertos.


El martes pasado nos vimos justamente en la puerta del edificio de gobierno, y como de costumbre, nos hicimos mutuas pullas y retintines, el tartamudeando, yo más rapidito; el más pausado que de costumbre, yo para variar atrasado a alguna parte sin importancia. Debo reconocer que se veía cansado, pero nadie se imaginaba a esas alturas lo que después hubo de venir... Me dijo: -Me he sentido pésimo, he estado enfermo toda la semana. -Tienes que mirar el carné de identidad, la parte de atrás, le respondí, antes de perder de vista su clásica figura vestida con esa chaqueta de cuero negro, casi un arquetipo de su extrovertida personalidad.

Patricio era un escritor talentoso: no editaba el trabajo de otros ni le daba vueltas a un solo tema; era por definición, un esplendido narrador, un cuentista excepcional, un letrista creativo de talla nacional, un promisorio cronista de nivel internacional... Atesoraré con mucho afecto los libros que de él tengo en mi casa, la mayoría de ellos autografiado de su puño y letra, en la calle, en el más puro estilo de vida que como ensayista, cuentista y novelista vivió hasta el final de sus días...

Patricio era un promotor de la cultura: casi predicaba sobre el valor de la lectura en los niños y los jóvenes; siempre estaba dando multitudinarias conferencias en los colegios y en la televisión, en su programa “Tartamudeando”, daba rienda suelta a su capacidad intelectual y a ese poder de acercar la literatura a lo cotidiano... Ahora último, estaba desarrollando un proyecto literario en la cárcel, con jóvenes cuyo entorno de vida, los había alejado de la libertdad, pero que él, con la literatura, estaba dispuesto a recuperarles.

Patricio era también un gran amigo, siempre preocupado de la gente, solidario. Amaba Iquique como cada persona ama su terruño, pero en él se notaba con una inspiración superior y un halo elocuente. Me imagino que algún día, alguna calle llevará su nombre, la de este modesto y gran Tarzán chileno y cosmopolita.

Patricio, era un buen amigo, mi amigo... Este es un pequeño homenaje para tu memoria, de verdad, no te olvidaré y ya te he extrañado a raudales... Me imagino las tertulias que armarás en el cielo, con tanto personaje interesante dando vueltas a tu alrededor...
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Pensando en los escolares que deberán leer y comentar tus obras, y prepapar más de alguna tarea que sea la delicia de sus profesores de lenguaje, me he permitido colocar esta pequeña biografía de tu vida y de tu obra:

Patricio Riveros Olavarría, nació en Iquique en 1962 y vivió durante muchos años en Holanda y Cuba. Recibió innumerables premios literarios en Cuba, Chile y España, y escribió cientos de cuentos y novelas. Este escritor que además es periodista, vivió hasta su muerte, en julio de 2005, en Iquique. En 1995 gana un proyecto para el Fondo Nacional para el Desarrollo del Arte, Fondart y publica ese mismo año cinco obras en la editorial "Pluma y Pincel".

En 1996 obtuvo el premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura por su historia de las habaneras. Años después, estos libros autoeditados convergieron en "El Funeral de la Felicidad", una compilación de sus mejores textos hasta el 2000.

Uno de sus más queridos proyectos fue el programa radial dominical "Tartamudeando de libros" en Radio Paulina de Iquique, en donde Patricio comentaba sobre la actualidad literaria en la región y en el país. Este programa fue destacado en el programa científico "Vida 2000". Después, ese programa derivó en una versión televisiva, en el canal RTC, de gran éxito y popularidad en Iquique.

Sus obras fueron:

La dicha de ser un don nadie, crónicas (Pluma y Pincel, 1995); Tarzán chileno perdido en Ámsterdam (Pluma y Pincel, 1995); Cuando las habaneras no tenían calzones, cuentos (Pluma y Pincel, 1995); El gato, ese ser desprestigiado, cuentos (Pluma y Pincel, 1995); El cuento del viejo piojento, cuentos (Fondart 1995); El funeral de la felicidad, cuentos (Planeta Chilena, 1997); La mujer del cura Soto, novela de un amor ejemplar (Cuarto Propio, 2002); La puerta chica más grande del mundo (Tinku, 2003); El gallo que hizo dormir al día (Campvs, 2004); Macarena Pocaspecas, novela breve infantil, inédita; Que lata lo de la mulata, poemario inédito; La ladilla de la modernidad, crónicas inéditas como libro; La corbata que mataba a la muerte, cuentos inéditos, El ruso que perdió la maleta, novela inédita.

Hace poco acababa de publicar La puerta chica más grande del mundo (cuentos de amores oscuros, claroscuros y claros), cuyo eje es la condición humana de la sexualidad, con un elegante diálogo que entretiene y educa de principio a fin.

Por: Alejandro Cifuentes Lucic | Comentarios Universales | Comentarios (4) | Referencias (0)